Reseña de Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez: El terror que me hizo nadar en lodo.

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Esta es, sin duda, una de las reseñas más densas y complejas que he tenido que escribir en Urbanbookly. Hablar de Mariana Enriquez es hablar de la “reina del terror contemporáneo”, y enfrentarse a su obra cumbre, Nuestra parte de noche, es como entrar en un bosque oscuro: sabes que es hermoso, pero no dejas de sentir que algo te está acechando entre los árboles.

Mi calificación final fue de 3,25 estrellas. Y sé lo que estás pensando: “Lianet, ¿solo 3,25 a la novela que ganó el Premio Herralde?”. Pues sí. Y hoy te voy a contar, de la forma más honesta y cercana posible, por qué este libro me hizo sentir que estaba nadando en lodo, a pesar de que reconozco la genialidad absoluta que tiene detrás.

Imagina una carretera infinita que atraviesa la Argentina de los años de la junta militar. El ambiente es pesado, hay controles de soldados armados, un calor húmedo que se pega a la piel y una tensión que se puede cortar con un cuchillo. En un coche viajan Juan y su hijo Gaspar. Juan está intentando proteger a Gaspar de un destino atroz, uno que viene marcado por la sangre, la herencia y una sociedad secreta llamada La Orden.

La premisa es, sencillamente, espectacular. Pero como suele pasar con los libros que generan tanto hype, la experiencia de lectura real ha sido una montaña rusa de admiración y agotamiento absoluto.


La novela nos sumerge en la historia de La Orden, una sociedad de familias poderosas (los Reyes y los Bradford) que buscan la vida eterna. Pero no es una inmortalidad romántica; es una búsqueda de la Oscuridad, una entidad ancestral que exige sacrificios humanos y, sobre todo, un médium para manifestarse.
Juan es el médium actual. Su cuerpo está destrozado por los rituales, su corazón (literal y figuradamente) está fallando y sabe que, cuando él muera, La Orden irá a por su hijo Gaspar. La novela es, en esencia, la crónica de un padre intentando salvar a su hijo de su propia naturaleza y de una familia política que los ve como herramientas, no como seres humanos.
Lo que hace que este libro sea especial es cómo Mariana Enriquez mezcla el terror sobrenatural (manos que salen de las sombras, rituales sangrientos, casas que se mueven) con el terror real de la dictadura argentina. Los desaparecidos, la tortura y la impunidad de los poderosos son el caldo de cultivo perfecto para que una sociedad secreta haga sus atrocidades sin que nadie pregunte.


Análisis con el Sistema P.A.T.R.O.N.

Para entender mi 3,25, tenemos que desglosar la novela con nuestras métricas habituales. Aquí es donde se ve la lucha interna que tuve como lectora:

LetraCategoríaCalificaciónEl veredicto de Urbanbookly
PPersonajes10/10Una genialidad. Juan es de los personajes más complejos y dolorosos que he leído jamás.
AAtmósfera10/10Asfixiante, húmeda, oscura. Sientes el olor a sangre y a selva en cada página.
TTrama7/10Muy ambiciosa, aunque a veces se pierde en sus propios laberintos.
RRitmo3/10El gran punto débil. Sentí que nadaba en lodo durante cientos de páginas.
OOriginalidad9/10Mezclar el ocultismo británico con el folk horror argentino y la política es brillante.
NNivel de Disfrute4/10Me agobié. Fue una lectura físicamente agotadora.

El efecto “Nadar en lodo”: Por qué el ritmo me derrotó

Vamos a ser sinceras: Nuestra parte de noche es un libro eterno. A pesar de que lo terminé en menos de 48 horas (porque cuando Mariana escribe bien, te atrapa), la sensación constante fue la de un esfuerzo hercúleo.

Creo que estamos acostumbradas a la gratificación instantánea, a que los capítulos nos den respuestas rápidas. Mariana Enriquez hace todo lo contrario. Ella se toma su tiempo. Te lleva a Londres en los años 60, te cuenta la historia de amigos secundarios, te cambia el punto de vista (POV) constantemente y, justo cuando crees que vas a entender qué pasó con la madre de Gaspar, te mete 100 páginas de contexto histórico o genealógico.

Ese exceso de información y los cambios de ritmo me hicieron sentir agobiada. Hubo momentos en los que pensaba: “Mariana, te amo, pero podrías haberme dicho esto en 20 páginas menos”. Se me hizo muy largo para lo que finalmente quería contar. El “lodo” no es porque la escritura sea mala (al revés, es maravillosa), sino por la densidad de la trama y la falta de respiro para el lector.


La genialidad de los personajes: El dolor de Juan y Gaspar

Si el ritmo es el lodo, los personajes son los diamantes que encuentras en él. La construcción de Juan es, sencillamente, de otro planeta. Es un hombre que ama a su hijo pero que, debido a su trauma y al dolor físico constante, puede ser cruel, violento y aterrador. Esa dualidad de “padre protector” y “monstruo necesario” me rompió el corazón.

Y luego está Gaspar. Sufrí muchísimo con él. Verlo crecer en un entorno donde no sabe en quién confiar, rodeado de una familia que solo quiere usar su cuerpo como un envase para la Oscuridad, es desgarrador. La novela explora la herencia de una forma terrorífica: ¿puedes escapar de lo que tus padres dejaron en tu sangre?


La atmósfera y el horror de lo real

Lo que más amé, sin duda, fue la atmósfera. Mariana Enriquez tiene un don para convertir lo cotidiano en algo siniestro. Una casa en un barrio elegante de Buenos Aires puede ser un portal al infierno. Un viaje a las Cataratas del Iguazú se convierte en una huida desesperada.

Pero lo que más me impactó fue la realidad política. El terror sobrenatural de La Orden palidece a veces ante el horror de la dictadura. Esa construcción de la “Argentina oscura”, donde la gente desaparece y nadie dice nada, le da a la novela una capa de profundidad que la eleva por encima de cualquier libro de terror convencional. No es solo miedo a los fantasmas; es miedo a los hombres que tienen el poder.


Conclusión: ¿Vale la pena el esfuerzo?

Al principio no le tenía mucha fe. Esperaba que la autora dejara mil cabos sueltos, que de la nada apareciera un “Continuará en la Parte 2” (algo que odio en libros tan largos). Pero no. La novela cierra. Es una historia completa, redonda y monumental.

¿Me gustó? Sí. ¿La disfruté? A ratos. Mi 3,25 refleja esa lucha entre reconocer que es una obra de arte y admitir que, como lectora, me costó la vida terminarla. Si buscas una lectura ligera para un fin de semana, huye de aquí. Pero si quieres una novela que te cambie la forma de ver el terror, que te haga sufrir y que te deje pensando en ella semanas después de cerrarla, entonces atrévete a entrar en la Oscuridad.

Eso sí, prepárate para nadar en lodo. El esfuerzo merece la pena, pero no digas que no te lo advertí.


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